Líder que deja una huella imborrable Sonia Gutiérrez

Sonia Gutiérrez fue honrada con una calle que lleva su nombre en la capital estadounidense. FOTO:CORTESIA

Como un granito de mostaza, el trabajo de Sonia Gutiérrez creció y se multiplicó con el paso de los años hasta llegar a ver los frutos de lo que es hoy en día la Escuela Carlos Rosario en Washington DC.

Con casi 87 años a cuestas, una lucidez envidiable y una energía contagiante, Sonia Gutiérrez, una líder por naturaleza con más de 60 años dedicados a la comunidad, nos regaló unos minutos de su tiempo para compartir algunas de sus memorias, sus logros, sus amores y sobre todo sus enseñanzas y sabios consejos.

¿Cuándo llega Sonia Gutiérrez a Estados Unidos?

Yo llegué de Puerto Rico en 1968, anteriormente había visitado Washington y me enamoré de esta ciudad. Al regresar conocí a quien fue mi primer esposo, pero él era Marine y tuvo que irse a la guerra de Vietnam y mi papá me pidió que regresara a Puerto Rico. Posteriormente, mi esposo volvió tuvimos dos hijos, pero nuevamente el destino nos llevó de regreso a Washington DC.

¿Se puede decir que Sonia conoció el amor en Washington?

Oh sí definitivamente, a mi primer y segundo esposo los conocí en Washington, pero al mismo tiempo conocí un amor tan grande y pegajoso hacia la comunidad inmigrante, que me lo enseñó Carlos

Rosario, considerado el padre de la comunidad latina en Washington, DC.

¿Cómo empieza a involucrarse en el trabajo comunitario?

Carlos Rosario era el líder máximo en esos tiempos, entre 1970-1972 y fue quien buscó los fondos para iniciar una escuela para inmigrantes y me pidió que lo ayudara y es así que empecé a trabajar a su lado. Los tiempos eran difíciles, pero yo era una “luchona”, a mí nadie me decía que no y me siento orgullosa de haber logrado establecer escuelas modelos que empezaron con sólo programas de inglés como segundo idioma y hoy en día ofrecen programas profesionales de artes culinarias, enfermería, tecnología, entre otros.

¿Qué tan importante es para usted la educación?

Fundamental, porque un pueblo educado es un pueblo que sabe sus necesidades.

¿Cuál sería su mayor satisfacción?

Dejar dos escuelas “State of the Art”, que son mo-delos a seguir, y haber tenido el honor de entrenar a más de 75,000 inmigrantes en todos mis años de trabajo. Ahora esos inmigrantes saben inglés, han logrado obtener su diploma de la escuela secun-daria y muchos han ido a la universidad.

En los más de 50 años trabajando por la comunidad ¿qué le hubiese gustado cambiar?

Francamente nada, porque lo que nosotros creamos –me refiero al grupo de líderes de los años 70 y 80- todavía continúa y de manera efectiva. Ha habido continuidad, con directores nuevos, pero la labor continúa y eso me llena de satisfacción.

¿Cuál sería el consejo que le daría a las nuevas generaciones?

Primeramente, que para hacer este trabajo tienes que querer y respetar a las personas que sirves. No creas que porque sirves a una comunidad inmigrante, tú eres superior a ellos. Todos tienen el derecho de salir adelante.

¿Cuáles serían las aptitudes de un líder?

Ser líder es muy difícil. Un verdadero líder debe tener amor, respeto y consideración por lo que hace y por la comunidad para la cual trabaja.

¿Quién sería la persona que marcó el rumbo de su vida en EE.UU. y por qué?

Sin lugar a dudas, Carlos Rosario porque él tenía un amor y un respeto hacia los inmigrantes que se pegaba, era contagioso y a mí se me pegó. Carlos Rosario, “El viejo” como yo le decía, me hizo prometerle que mientras yo viva no permitiría que se cierre la escuela para inmigrantes que fundamos y así lo hice.

Sonia Gutiérrez junto al príncipe Carlos de Inglaterra, Jay Haddock, Héctor Torres, Allison Kokkoros y miembros del equipo de trabajo, durante la visita a la escuela Carlos Rosario, el 19 de marzo de 2015. FOTO:CORTESIA

¿Qué significó para usted el retiro?

Para mí fue doloroso porque mi vida yo la de-diqué – por desgracia no a mis hijos- sino a mi escuela, pero yo ya tenía 80 años y para administrar dos edificios con tanta gente a tu cargo se necesita mucha, mucha energía y ya casi no tenía. El amor siempre estuvo ahí, pero ya estaba cansada. Fue difícil dejarlos porque los inmigrantes, mi escuela, mi comunidad son mi vida.

¿Qué disfruta hacer ahora Sonia Gutiérrez?

Muy poco, porque aunque no aparento la edad que tengo, ya siento los años, -dice entre risas-, pero disfruto ver mis programas de televisión, leo mucho y si me piden ayuda, siempre estoy dispuesta a ofrecerla a los miembros de mi comunidad.

Después de tantos años de trabajo, si pudieras hacer algo que todavía no has hecho ¿Qué sería?

Descansar. Todo lo que tenía que hacer en esta vida, ya lo hice. Dejé dos edificios donde entrenamos a más de 2,000 inmigrantes al año. Creo que puedo decir misión cumplida.

¿Alguna anécdota que recuerde como parte de la escuela Carlos Rosario?

La visita del príncipe Carlos de Inglaterra en marzo de 2015. Una persona encantadora, un hombre sencillo que se ena-moró de la escuela. Recuerdo que durante su visita me preguntó: “Sonia, ¿Cómo es que hiciste esta escuela? Yo tengo muchos inmigrantes en Inglaterra y no sé qué hacer con ellos”. Yo le respondí: “Lléveme a Inglaterra y yo le puedo mostrar cómo se hace”.

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